[Relato escrito por DOC]
Lucia entró a su apartamento tras un duro día de trabajo. Al cruzar el umbral de la puerta, se dio cuenta de que había una tenue luz que provenía de su habitación.
Intrigada, entró en la estancia y se quedo asombrada. Un olor a incienso se filtró por sus fosas nasales, y observó que la iluminación venia de varias docenas de pequeñas velas aromáticas que estaban distribuidas por la habitación.
Encima de la almohada había un pequeño paquete envuelto como si fuese un regalo.
Con curiosidad, Lucia lo desenvolvió rápidamente y vio un antifaz negro sin orificios para los ojos y un sobre. Leyó la nota que se hallaba dentro del sobre con atención.
“Ponte el antifaz y déjate llevar…”
Firmado Pablo.
Una sonrisa se dibujo en el rostro de Lucia. Se empezó a desvestir, quedándose solo con sus braguitas rojas y tumbándose en la cama se puso el antifaz y quedó completamente quieta, sumida en la oscuridad.
En unos pocos minutos, notó como unos dedos recorrían sus pies. Se le puso la piel de gallina al sentir como las manos recorrían su piel suave. Sus manos subieron por sus piernas y después notó como agarraba sus manos y se las inmovilizaba con unas esposas.
No puedo evitar un respingón al notar como quedaban sujetas las manos a la cama.
Pablo le susurró al oído y la tranquilizo. Un estremecimiento recorrió a Lucia cuando le acariciaban y chupaban los pechos, excitando los pezones. La lengua ávida degustaba esos esplendidos senos, saboreándolos como si fueran la cosa más apetitosa del mundo.
Lucia gemía con deseo, mientras mordisqueaban con pasión sus pechos.
Sintió como una mano se introducía entre sus muslos y exploraba en su interior. Le penetró con un dedo, con una maestría que hizo que ella se retorciese de deseo.
Estaba cada vez más mojada, ál se arrodilló, follandola con su lengua, produciéndole un intenso placer que hacía que ardiese, adentrándose hasta lo más profundo. Lucia se hallaba con las piernas abiertas abandonada al placer que él le proporcionaba. Estaba tan humedad que rezumaba en su boca, mientras su lengua exploraba con lentitud, cada rincón, cada pliegue de su sabroso coño.
Los dedos de él acudieron en ayuda de su boca, para seguir explorando sus rincones más profundos. Sólo se escuchaban los suspiros y jadeos de ella. Embriagada de éxtasis, Lucia se corrió de un modo salvaje como pocas veces antes lo había hecho. Él bebió su dulce néctar, sin quejarse ni dejar nada.
Cuando aún estaba recuperándose del tremendo orgasmo, notó como la lengua de él exploraba su estrecho culito, salivando su ano, para prepararlo para lo que vendría a continuación.
Para su sorpresa, no fue su polla lo que se introdujo en su orificio, si no un consolador de látex que hizo que se retorciese de placer y dolor al mismo tiempo.
Él le trabajaba el culo con tanto ahínco que Lucia no podía menos que morderse los labios de tanto goce como estaba disfrutando.
El sentir el juguete en sus entrañas, siendo empalada por el mismo, hacia que su coño chorrease de nuevo por la excitación. La masturbación anal a la que estaba siendo sometida le hizo ronronear de gozo, relamiéndose de placer.
De nuevo tuvo un orgasmo, este si cabe, más intenso que el anterior.
Agotada, pero aún excitada, notó como algo palpaba sus labios. El tacto de la polla hizo que sus labios se abalanzasen sobre ella como un hambriento sobre un trozo de carne. Su glande buscó su boca y su lengua, su lengua recorrió cada centímetro de su miembro, de los huevos hasta la punta, como si fuese el más dulce de los caramelos que hubiese paladeado. Chupó y saboreó esa sabrosa polla con frenesí y esmero. Ahora fue él quien emitió gemidos de placer ante la felación tan esplendida que le estaban realizando.
Ejecutó la tarea con tal esmero en la polla que le llenaba por completo la boca que no tardó en correrse, eyaculando en cantidad tal que salía por las comisuras de los labios. Degustó con avidez el semen, embadurnándose el rostro con él. El sentir el espléndido orgasmo que había conseguido realizarle, le hizo gozar a ella también.
Él le retiró el antifaz y le susurró al oído.
“Feliz cumpleaños… “
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